Recientes inundaciones exponen la vulnerabilidad urbana en Chile. Experta en urbanismo advierte sobre la necesidad de respetar la ‘memoria del agua’ y planificar ciudades que convivan con la naturaleza, utilizando ejemplos como parques inundables para mitigar desastres.
La Memoria del Agua: Un llamado a repensar la ciudad
CABRERO.- Las intensas lluvias de los últimos días, que a pesar de las alertas tempranas y evacuaciones preventivas causaron inundaciones y desbordes de ríos, han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta crucial para comunidades como la nuestra: ¿están nuestras ciudades preparadas para enfrentar eventos climáticos extremos? Según Pola Mora D., directora del Centro de Innovación Urbana (CIUDHAD) de la Universidad Andrés Bello, la clave no está solo en la intensidad del fenómeno, sino en cómo hemos decidido planificar y construir en nuestro territorio.
La percepción alterada por la sequía
Chile es un país definido por su geografía de cuencas, quebradas, humedales y ríos. Los riesgos como aluviones, inundaciones y terremotos son parte de nuestra historia. Sin embargo, la última década de megasequía cambió nuestra percepción del paisaje, haciendo que muchos cauces secos fueran considerados terrenos aptos para construir.
Durante la última década, la megasequía alteró nuestra percepción del paisaje. Muchos cauces dejaron de llevar agua y comenzaron a ser vistos como terrenos disponibles. Allí aparecieron estacionamientos, asentamientos y desarrollos inmobiliarios. Pero, a diferencia nuestra, el agua no olvida: cuando las lluvias regresan, recupera el espacio que antes le perteneció.
Lo mismo ha ocurrido con ecosistemas vitales como los humedales urbanos, que actúan como esponjas naturales absorbiendo el exceso de agua, y las dunas costeras, que protegen de la erosión. Durante décadas, han sido tratados como simples reservas de suelo para urbanizar, un ejemplo claro es la tensión generada por el edificio Kandinsky, construido sobre un campo dunar en Concón.
Infraestructura que trabaja con la naturaleza
Afortunadamente, también existen respuestas exitosas que demuestran un camino a seguir. El Parque Inundable Víctor Jara, en el Zanjón de la Aguada en Santiago, fue diseñado para convivir con el agua y contener crecidas, demostrando su efectividad este invierno. De manera similar, en una zona donde se dice que “nunca llueve” como Atacama, el Parque Inundable Kaukari de Copiapó canalizó la crecida del río, reduciendo el riesgo para las viviendas cercanas.
Ambos proyectos comparten una misma visión: la infraestructura más eficiente no es la que busca corregir la naturaleza, sino la que comprende sus dinámicas y colabora con ellas. Estos parques no solo recuperan espacios públicos, sino que fortalecen la resiliencia de la ciudad ante un clima cada vez más impredecible.
Planificar antes de la emergencia
La adaptación al cambio climático no comienza cuando SENAPRED activa una alerta. Comienza mucho antes, con las decisiones de planificación territorial: dónde construimos, qué ecosistemas protegemos y qué espacios dejamos libres para que la naturaleza siga su curso. Chile cuenta con la ciencia para anticipar tormentas y modelar crecidas. El desafío, según la experta, es traducir ese conocimiento en infraestructura ecológica que reduzca el riesgo antes de que ocurra la emergencia.
Redacción Cabrero en Línea basándose en información de losandesonline.cl.



