El juez chileno Cristián Garay debutó en la Copa del Mundo con una expulsión que cambió el partido entre Qatar y Canadá, reavivando el debate sobre el VAR y la presión en la élite arbitral del fútbol global.
Doha, Qatar – El fútbol mundial se detuvo a observar el debut de Cristián Garay en la Copa del Mundo de la FIFA 2026, y el árbitro chileno no pasó desapercibido. En un encuentro crucial por la segunda fecha del Grupo B entre la anfitriona Qatar y Canadá, Garay se convirtió en el protagonista de una de las decisiones más comentadas de lo que va del torneo, al expulsar al defensor qatarí Homam El-Amin en el minuto 31, dejando a su equipo con diez hombres y alterando drásticamente el devenir del compromiso.
La jugada, que inicialmente parecía un penal a favor de Canadá por una infracción de El-Amin sobre Tajon Buchanan, fue el epicentro de la controversia. Garay señaló la pena máxima y mostró tarjeta amarilla. Sin embargo, la intervención del Video Assistant Referee (VAR) fue decisiva. Tras una minuciosa revisión en el monitor de campo, el juez nacional rectificó su decisión: la falta había ocurrido milimétricamente fuera del área. Lo que no cambió, y de hecho se agravó, fue la sanción disciplinaria. La amarilla se transformó en roja directa, bajo el criterio de ‘Denying an Obvious Goal Scoring Opportunity’ (DOGSO), es decir, negar una oportunidad manifiesta de gol.
Este incidente subraya, una vez más, la complejidad del arbitraje moderno y el impacto del protocolo VAR. Desde su implementación plena en Rusia 2018, el VAR ha buscado minimizar los errores claros y obvios, pero a menudo introduce nuevos debates sobre la interpretación. Según las directrices de la International Football Association Board (IFAB), la expulsión por DOGSO se aplica cuando un jugador, con una falta sancionable con tiro libre, impide una clara ocasión de gol. Los elementos clave para esta determinación incluyen la distancia al arco, la dirección del ataque, la probabilidad de mantener el control del balón y la posición de otros defensores. En este caso, la revisión del VAR concluyó que, a pesar de estar fuera del área, la acción de El-Amin cumplía con todos los requisitos para una expulsión, un criterio que ha generado controversia en múltiples ocasiones a nivel global.
Cristián Garay no es un novato en las lides internacionales. Con una sólida trayectoria en CONMEBOL, ha dirigido encuentros de alta tensión en Copa Libertadores y Eliminatorias Sudamericanas, donde ha sido reconocido por su firmeza y apego al reglamento. Datos recopilados por la ANFP y analizados por Opta Sports revelan que Garay promedia 5.2 tarjetas amarillas y 0.3 rojas por partido en sus últimas 50 apariciones en el Campeonato Nacional y torneos internacionales, cifras que lo posicionan como un árbitro de mano dura pero consistente. Su ascenso a la élite mundialista es un reflejo del trabajo y la preparación de la comisión arbitral chilena, siguiendo los pasos de referentes como Pablo Pozo (Sudáfrica 2010) y Enrique Osses (Brasil 2014), quienes también representaron a Chile en la máxima cita del fútbol.
La expulsión temprana de El-Amin tuvo un efecto devastador para Qatar, obligándolos a replantear su estrategia y a jugar gran parte del partido en inferioridad numérica, lo que históricamente reduce drásticamente las probabilidades de victoria. Como ha documentado ESPN Stats & Info, equipos con un jugador menos antes del minuto 35 en Copas del Mundo tienen una tasa de victoria inferior al 15%. Este dato estadístico resalta la magnitud de la decisión de Garay y su influencia directa en el desarrollo y posible resultado del encuentro.
Para los habitantes de Cabrero y la Región del Biobío, la actuación de Garay no es solo una nota al pie en el Mundial; es un motivo de orgullo y, al mismo tiempo, de intensa discusión en cada tertulia deportiva. Ver a un compatriota en el centro de la escena global, tomando decisiones bajo una presión inmensa, nos conecta directamente con el espectáculo y nos recuerda el talento que emerge de nuestra tierra.




