Mientras ASAJA Granada celebra medio siglo defendiendo a sus agricultores con jornadas sobre tecnología y fiscalidad post-borrascas, el sector agrario del Biobío observa atentamente, buscando respuestas a desafíos similares en un contexto de cambio climático y modernización urgente.
Desde las fértiles tierras de Granada, España, llega una noticia que resuena con particular fuerza en los valles y campos de nuestra querida provincia del Biobío. La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA) de Granada, una de las organizaciones más influyentes del sector en Andalucía, ha dado inicio a los actos conmemorativos de su 50º aniversario, una efeméride que no solo celebra medio siglo de historia, sino que también proyecta los desafíos y oportunidades del campo hacia el futuro.
El evento central, programado para el próximo 22 de junio en el histórico Carmen de los Mártires, incluirá la presentación de la Oficina Acelera Pyme de ASAJA Granada, una iniciativa clave para impulsar la transformación digital de pequeñas y medianas empresas agrarias. Esta apuesta por la tecnología no es ajena a nuestra realidad. En Chile, programas como los impulsados por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) buscan acercar la digitalización a los pequeños agricultores, desde sistemas de riego inteligentes hasta plataformas de comercialización. Sin embargo, como ha documentado la Subsecretaría de Telecomunicaciones (SUBTEL) en sus informes de conectividad rural de 2025, la brecha digital en zonas como el Biobío sigue siendo un obstáculo significativo, limitando el acceso a herramientas que podrían mejorar la productividad y la competitividad de nuestros productores.
Otro punto neurálgico de la jornada granadina será la discusión sobre la tributación en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) de las ayudas concedidas por los daños ocasionados por las borrascas. Este debate fiscal, tan relevante en España, encuentra un eco directo en Chile. Tras los devastadores incendios forestales de 2023 y las recurrentes inundaciones que han golpeado con fuerza a nuestra región del Biobío, el Servicio de Impuestos Internos (SII) de Chile debió aclarar en su momento el tratamiento tributario de las ayudas estatales y privadas. Medios como El Mercurio y La Tercera cubrieron ampliamente la controversia, reflejando la urgencia de aliviar la carga de los afectados y la necesidad de una política fiscal clara y empática en situaciones de emergencia. La experiencia granadina subraya que la resiliencia climática no solo es productiva, sino también financiera.
La conmemoración del medio siglo de ASAJA Granada, que se extenderá hasta junio de 2027, es una oportunidad para reflexionar sobre el papel irremplazable de las organizaciones gremiales. Desde su origen en 1977 como ASAGA y Jóvenes Agricultores, hasta su fusión en 1989, ASAJA ha sido la voz de miles de agricultores. En Chile, instituciones como la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), fundada en 1838, o gremios regionales como la Federación de Productores de Fruta de Chile (FEDEFRUTA), han jugado un rol histórico similar, defendiendo los intereses del campo ante las administraciones y adaptándose a los vaivenes políticos y económicos. Su capacidad de articulación es vital, especialmente en momentos de incertidumbre.
La clausura de la jornada estará a cargo de Pedro Barato, presidente de ASAJA Nacional, quien abordará el ‘Presente y futuro de la agricultura y la PAC’. Aunque la Política Agraria Común (PAC) es un marco europeo, los desafíos que plantea –rentabilidad, sostenibilidad, contexto normativo– son universales. En Chile, la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) del Ministerio de Agricultura, junto con otros actores, trabaja en estrategias para asegurar la sustentabilidad y competitividad de nuestro sector, promoviendo la innovación y la adaptación a mercados cada vez más exigentes. El ex-presidente Gabriel Boric, durante su mandato, impulsó diversas iniciativas para fortalecer la agricultura familiar campesina y la seguridad alimentaria, sentando bases que la actual administración debe continuar y profundizar.
Para los vecinos de Cabrero y los agricultores del Biobío, lo que ocurre en Granada no es una anécdota lejana. Es un espejo de nuestras propias batallas: la lucha por la modernización tecnológica, la necesidad de un marco fiscal justo ante las catástrofes y la imperiosa urgencia de tener voces fuertes que defiendan el trabajo de la tierra.
En un mundo donde el clima es cada vez más impredecible y los mercados más volátiles, la capacidad de nuestros agricultores para adaptarse y prosperar dependerá, en gran medida, de cómo abordemos estos desafíos, con la misma visión de futuro y resiliencia que hoy celebra el campo granadino.




