La Región de Ñuble enfrenta una crítica acefalía en su Seremi de Salud, con la renuncia de Jorge Carrillo y una tensa disputa entre la UDI y Republicanos por el cargo. Esta parálisis política, que tiene en vilo la gestión del Hospital Herminda Martín, genera inquietud sobre la eficacia de la administración regional y sus posibles repercusiones en la vecina Región del Biobío.
CHILLÁN, ÑUBLE. La Región de Ñuble, a poco más de ocho años de su creación, se encuentra sumida en una profunda incertidumbre sanitaria. Desde este lunes 16 de junio de 2026, la cartera de la Seremi de Salud permanece acéfala tras la renuncia de Jorge Carrillo, un hecho que, lejos de ser un simple cambio de mando, ha desatado una cruda batalla política que pone en jaque la estabilidad del sistema de salud regional y que, por extensión, genera preocupación en la vecina Región del Biobío.
La Seremi de Salud no es un cargo menor. Es la piedra angular de la política sanitaria a nivel regional, responsable de la fiscalización, promoción y protección de la salud pública, así como de la coordinación con la red asistencial, incluyendo hospitales y consultorios. En una región como Ñuble, que aún trabaja en la consolidación de su infraestructura y servicios de salud, la ausencia de un liderazgo firme y permanente en esta dirección es crítica. La situación se agrava al considerar la mención de una “crisis sanitaria” que afecta a la región, con el Hospital Clínico Herminda Martín de Chillán, uno de los centros de referencia, bajo una presión constante.
La renuncia de Carrillo, cuyo plazo para ser revertida venció sin éxito, abrió la puerta a una pugna entre dos fuerzas políticas de la derecha chilena: la Unión Demócrata Independiente (UDI) y el Partido Republicano. Por un lado, la UDI, a través de la influencia del Senador Gustavo Sanhueza, busca mantener su cuota de poder en la región. Su carta principal es la exdiputada Marta Bravo, quien ya ejerció como Seremi de Salud durante el segundo gobierno del ex-Presidente Sebastián Piñera. Bravo es vista como una figura con experiencia técnica y un sólido manejo político, características valoradas en un cargo tan sensible. De hecho, su nombre ya había sonado en marzo de este año para dirigir el Servicio de Salud, lo que da cuenta de su perfil técnico y conocimiento del sector.
Sin embargo, el Partido Republicano ha irrumpido con fuerza en la contienda, promoviendo a Felipe Fuentealba. Odontólogo de profesión y magíster en Salud Pública, Fuentealba no es ajeno a la gestión sanitaria, habiendo trabajado en la propia Seremi durante la pandemia de COVID-19 y siendo un rostro conocido en la política local tras su candidatura a alcalde de Quillón. Los Republicanos, en línea con su discurso de meritocracia, exigen que el cargo sea ocupado por un profesional con la preparación y experiencia adecuadas, buscando así consolidar su presencia en la administración regional post-Boric.
Esta prolongada acefalía no es un mero trámite burocrático; es una herida abierta en el corazón de la salud pública ñublensina, que amenaza con profundizar la ya compleja situación del Hospital Herminda Martín y otras prestaciones esenciales para miles de familias.




