En un amistoso que aportó poco en el marcador, una instrucción a viva voz del técnico Nicolás Córdova a Lucas Cepeda en un tiro libre se convirtió en el principal foco de análisis. ¿Innovación metodológica o un exceso de microgestión que no rinde frutos?
El fútbol, en su nivel de élite, es un juego de detalles. Cada gesto, cada palabra y cada segundo cuentan. Sin embargo, hay momentos en que la línea entre la genialidad táctica y la excentricidad se vuelve difusa. Esto quedó en evidencia durante el reciente encuentro amistoso de la selección chilena, donde una instrucción del técnico Nicolás Córdova se robó el protagonismo.
La escena ocurrió en una jugada a balón parado a favor de Chile. Mientras Lucas Cepeda se perfilaba para ejecutar el tiro libre, las cámaras y micrófonos de ambiente captaron el grito desesperado de Córdova desde la zona técnica: “¡Lucas, al arco en tres tiempos. Escúchame, haz en tres tiempos al arco!”. La orden, repetida con insistencia, dejó perplejos a espectadores y analistas.
¿A qué se refiere un golpeo ‘en tres tiempos’? En la jerga futbolística, no existe un consenso técnico para tal definición. Las hipótesis apuntan a una posible clave rítmica para la carrera de impulso, buscando una sincronización perfecta entre aproximación, apoyo y golpeo. Otros sugieren que podría ser una instrucción codificada para una jugada preparada, aunque su ejecución final —un disparo directo y sin consecuencias— parece desmentirlo.
El resultado es elocuente: el tiro libre se perdió sin generar el más mínimo peligro. Más allá de la anécdota, el episodio revela una tensión fundamental: la microgestión desde la banca frente a la autonomía del ejecutante en una fracción de segundo. La instrucción no generó un gol, pero sí un debate sobre la efectividad del método Córdova.
Para el hincha, este tipo de situaciones genera una inquietud válida. Mientras la selección busca reencontrar una identidad de juego y, sobre todo, la eficacia de cara al gol, la atención parece desviarse hacia detalles metodológicos que, al menos en esta ocasión, no se tradujeron en un beneficio tangible en el marcador. La obsesión por el control total del entrenador sobre el jugador puede, paradójicamente, inhibir el talento y la intuición que definen las jugadas de peligro. Este pequeño gran detalle en un partido intrascendente dice mucho sobre el proceso que vive La Roja y la presión que enfrenta su cuerpo técnico para encontrar, de una vez por todas, la fórmula del éxito.




