En ‘Cabrero en Línea’ no solo informamos, también recomendamos. Hoy nos sumergimos en ‘El año pasado en Marienbad’, un clásico de 1961 que es un verdadero ejercicio para la mente y una obra de arte visual.
Este fin de semana, cuando la cartelera del cine en Los Ángeles o el catálogo de Netflix parezcan repetirse, en ‘Cabrero en Línea’ le proponemos un viaje distinto. Un viaje que no requiere combustible ni peajes, solo curiosidad y ganas de ser desafiado. Hablamos de una película que, 65 años después de su estreno, sigue generando debates: ‘El año pasado en Marienbad’.
Dirigida por el francés Alain Resnais y estrenada en 1961, la cinta nos sumerge en un opulento y laberíntico hotel. Allí, un hombre intenta convencer a una mujer de que tuvieron un romance un año antes, en ese mismo lugar. Ella no lo recuerda, o quizás, no quiere recordarlo. La película nunca nos da una respuesta clara, y esa es precisamente su genialidad.
¿Por qué debería importarnos hoy, en pleno Biobío, una película francesa en blanco y negro? Porque su influencia está en todas partes. Series complejas como ‘Westworld’ o las películas de Christopher Nolan que juegan con el tiempo y la memoria, beben directamente del lenguaje que Resnais inventó aquí. Entender ‘Marienbad’ es comprender un poco mejor el ADN de mucho del entretenimiento que consumimos hoy.
No es una película para ver mientras revisas el celular.
Es una invitación a perderse, a dudar de lo que vemos y a reconstruir un puzzle sin una única solución, un ejercicio mental que pocas obras se atreven a proponer hoy.
Ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia, esta obra no ofrece la satisfacción inmediata de una película de acción, sino algo más profundo: la belleza de la ambigüedad y la elegancia de una historia que se queda resonando en la cabeza días después de verla. Es una pieza de museo viva, accesible a un clic de distancia, que nos recuerda que el buen arte no tiene fecha de caducidad ni fronteras geográficas.




