El sociólogo Boris Kagarlitski, quien fue preso político en la era soviética, enfrenta nuevamente la cárcel bajo el régimen de Vladímir Putin. Su caso simboliza una amplia represión que afecta a opositores de todo el espectro ideológico en Rusia.
El sociólogo Boris Kagarlitski, un antiguo preso político de la era soviética, ha sido nuevamente encarcelado en Rusia, esta vez bajo el gobierno de Vladímir Putin. Su caso, reportado este 30 de julio de 2026, se enmarca en una extensa campaña de represión que persigue a cualquier figura percibida como un peligro para la estabilidad del régimen, sin importar su afiliación ideológica, abarcando desde liberales y socialistas hasta comunistas y nacionalistas.
Un Legado de Represión Estatal
La política de persecución actual se fundamenta en una lógica de prevención y sospecha que hereda las prácticas del Comité de Seguridad del Estado (KGB) de la Unión Soviética. Esta conexión no es casual, ya que tanto el presidente Putin como una parte significativa de su entorno político provienen de dicha agencia de inteligencia, perpetuando sus métodos de control sobre la disidencia.
En Rusia, cualquiera que sea percibido como un peligro, aunque sea difuso, para la estabilidad del régimen, corre el riesgo de ir a parar a la cárcel.
El Amplio Espectro de los Perseguidos
El caso de Kagarlitski ilustra que el abanico ideológico de los presos políticos es extremadamente diverso. La amenaza de prisión no distingue entre corrientes de pensamiento; el simple hecho de reclamar democracia o impulsar iniciativas que no cuenten con la autorización del Kremlin es suficiente para convertirse en un objetivo del sistema judicial y de seguridad ruso.
Redacción Cabrero en Línea basándose en información de elpais.com.




