Mientras el mundo se prepara para la Copa del Mundo 2026, una revolución silenciosa redefine el fútbol: la multipropiedad de clubes. Fondos de inversión y estados controlan equipos a nivel global, levantando preguntas sobre la identidad local y el futuro del deporte rey, un fenómeno que resuena hasta en las canchas del Biobío.
A medida que la cuenta regresiva para el Mundial de Fútbol de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México, avanza, una discusión de fondo sacude los cimientos del deporte más popular del planeta. No se trata solo de quién levantará la copa, sino de quién realmente ‘manda’ en el fútbol moderno. La multipropiedad de clubes (MCO, por sus siglas en inglés) ha pasado de ser una curiosidad a una fuerza dominante, redefiniendo la estructura y el alma del juego.
El fenómeno, como bien ha documentado el diario español El País, implica que fondos de inversión, multinacionales e incluso estados controlan redes de clubes en distintos países. Grupos como el City Football Group, propietario del Manchester City y de una docena de otros equipos alrededor del mundo, o Red Bull, con sus escuadras en Leipzig y Salzburgo, son ejemplos paradigmáticos de esta tendencia. Según informes de Bloomberg Businessweek, la inversión en el fútbol global por parte de fondos de capital privado ha superado los miles de millones de dólares en la última década, buscando rentabilidad y sinergias en el desarrollo de talentos y marcas.
Los defensores de la MCO argumentan que esta inyección de capital es vital para la sostenibilidad financiera de los clubes, especialmente en ligas menores, y para el desarrollo de talento a través de una red global de academias y equipos satélite. Proyectos como los liderados por Andrés Blázquez, CEO del Genoa, citado por El País en diciembre de 2023, sostienen que los modelos multiclub son la única vía para crear sostenibilidad en un deporte cada vez más costoso.
Sin embargo, la otra cara de la moneda genera preocupación. Críticos, entre ellos diversas asociaciones de aficionados y expertos en sociología deportiva, alertan sobre la pérdida de identidad de los clubes, la creciente comercialización del deporte y un papel cada vez más reducido para los hinchas, quienes ven cómo sus equipos se convierten en meros activos dentro de un portafolio global. La FIFA y la UEFA han comenzado a analizar los desafíos regulatorios que plantea la MCO, especialmente en lo que respecta a la integridad de las competiciones y la posible colisión de intereses entre clubes de la misma propiedad.
¿Y cómo resuena esto en el Biobío, o más específicamente, en Cabrero? Aunque la multipropiedad de clubes no ha llegado con la misma magnitud a la región, el impacto de la globalización y la comercialización del fútbol es innegable. Los clubes chilenos, muchos de ellos transformados en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) desde la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales de 2005, ya experimentaron una transición de la propiedad de los socios a la de inversionistas. Esta evolución ha llevado a que la toma de decisiones se centre más en la viabilidad económica y menos en el arraigo social. El hincha de Cabrero, que sigue con pasión a su equipo local o a los grandes de Concepción y Santiago, percibe cómo los precios de las entradas aumentan, cómo los jugadores son vistos como activos transferibles y cómo la distancia entre el campo de juego y la directiva se agranda.
Esta transformación, impulsada por capitales globales, plantea una pregunta fundamental para el hincha de Cabrero: ¿seguirá siendo el fútbol el deporte del pueblo o se convertirá en un mero producto de inversión, lejos de sus raíces y pasiones locales?
La Copa del Mundo de 2026 será un escaparate no solo del mejor fútbol, sino también de esta nueva realidad económica. Mientras los ojos del mundo se posan en las estrellas que brillan en el césped, en las oficinas de los grandes consorcios financieros se sigue tejiendo la red que controla el futuro del deporte rey, una red que, aunque invisible, ejerce su influencia hasta en el rincón más alejado de nuestra región.


