La capital chilena escala al puesto 25 global en ciudades caminables, un hito que invita a reflexionar sobre la planificación urbana y la calidad de vida en nuestras comunas, desde el Biobío hasta la cordillera.
Santiago de Chile ha capturado la atención global al posicionarse en el puesto 25 del ranking Best 100 Walking Cities 2026 de GuruWalk, una mejora de 23 lugares respecto a la medición previa. Este logro la consolida como la ciudad latinoamericana mejor valorada y la segunda en el continente, solo superada por Nueva York. Sin embargo, más allá de la celebración capitalina, este reconocimiento abre un debate crucial sobre la verdadera esencia de una ciudad ‘caminable’ y las implicancias para el desarrollo urbano en regiones como la nuestra.
El concepto de ‘caminabilidad’ va mucho más allá de la mera existencia de veredas. Implica una infraestructura peatonal segura, accesible y bien mantenida, la presencia de áreas verdes, la integración eficiente con el transporte público y, fundamentalmente, una sensación de seguridad para sus habitantes. Como ha documentado el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) en sus diversos planes de desarrollo urbano, la promoción de la caminata es clave para ciudades más sostenibles, saludables y equitativas. De hecho, informes del Observatorio de Ciudades de la Universidad Católica han señalado consistentemente la disparidad en la calidad de los espacios públicos entre el Gran Santiago y las capitales regionales, y aún más con las comunas rurales o semi-urbanas.
La metodología de GuruWalk, si bien no es un estudio urbanístico exhaustivo, tiende a valorar la densidad de atractivos turísticos accesibles a pie, la seguridad percibida y la disponibilidad de tours guiados. Esto explica en parte el ascenso de Santiago, que ha visto un repunte en su oferta cultural y turística post-pandemia, sumado a inversiones en el centro histórico y barrios emblemáticos. Sin embargo, para los urbanistas, el desafío es mayor.
Ser una ciudad ‘caminable’ de verdad significa que un vecino, sin importar su edad o condición, pueda realizar sus actividades diarias a pie, con dignidad y seguridad, sin depender exclusivamente del automóvil.
¿Qué significa esto para Cabrero y el Biobío? Si bien nuestra comuna no compite en ligas de ciudades globales, la experiencia de Santiago nos ofrece valiosas lecciones. La inversión en espacios públicos de calidad, la mejora de veredas, la creación de ciclovías interconectadas y la arborización urbana no son lujos, sino componentes esenciales para mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes. Datos recopilados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en sus encuestas de calidad de vida urbana, aunque no desglosan por todas las comunas, sí muestran una correlación directa entre la percepción de seguridad en el espacio público y la frecuencia de uso peatonal.
Desde el punto de vista regional, la Secretaría Regional Ministerial (SEREMI) de Transportes y Telecomunicaciones del Biobío, en conjunto con los municipios, ha impulsado iniciativas para fomentar el transporte activo. Sin embargo, el ritmo y la escala de estas intervenciones distan mucho de lo que se observa en la capital. Es imperativo que las autoridades locales y regionales, con el apoyo de fondos como los del Gobierno Regional del Biobío, prioricen proyectos que mejoren la infraestructura peatonal en Cabrero, desde el centro hasta sus sectores rurales. Esto no solo promueve la salud y el medio ambiente, sino que también revitaliza el comercio local y fortalece el tejido social, permitiendo que los vecinos se apropien de su entorno de una manera más activa y segura. La caminabilidad es, en esencia, un indicador de una ciudad más humana y equitativa, un ideal al que Cabrero, con su escala y particularidades, también debe aspirar.




