La inauguración de una moderna residencia para adultos mayores en Galicia, España, expone un desafío demográfico global que resuena con fuerza en nuestra región del Biobío. Con una población envejeciendo a pasos agigantados, la experiencia de Pantón nos obliga a reflexionar sobre la infraestructura y políticas de cuidado que necesitamos urgentemente en Cabrero.
Mientras en la lejana comarca de Lemos, en Galicia, España, las autoridades celebraban ayer la inauguración de la sexta residencia para adultos mayores en Pantón, un eco de esa noticia resuena con particular fuerza en nuestra propia realidad regional. La Fundación San Rosendo, con una inversión de 1.5 millones de euros, ha puesto en marcha un centro con capacidad para 36 personas, elevando a 516 las plazas disponibles en una zona donde más del 39% de sus habitantes superan los 65 años.
Este hito, aunque geográficamente distante, es un espejo de los desafíos que enfrenta Chile y, en particular, la Región del Biobío. Según proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de Chile, la población mayor de 60 años en el país ya supera el 18% y se espera que para 2050 esta cifra se dispare, convirtiendo a Chile en uno de los países más envejecidos de América Latina. En nuestra región, las comunas rurales como Cabrero no son ajenas a esta tendencia, donde la migración de jóvenes a centros urbanos acelera el envejecimiento de la población local.
La experiencia de Pantón, donde más de 11.000 personas superan los 65 años y 2.500 los 85, subraya la creciente demanda de servicios especializados. El modelo de gestión, un ‘concierto de plazas’ con la Consellería de Política Social, es decir, una colaboración público-privada, es una vía que en Chile también se explora. El Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) ha impulsado programas de residencias y centros de día, a menudo en alianza con municipios y organizaciones sin fines de lucro, pero la oferta sigue siendo insuficiente frente a la demanda creciente y los altos costos de una atención de calidad.
El presidente de la Fundación San Rosendo, José Luis Gavela, anunció en la inauguración que esta residencia es solo el primer paso de un proyecto más ambicioso, que contempla un segundo edificio para garantizar la sostenibilidad y aumentar las plazas. Este enfoque a largo plazo es crucial. ¿Estamos en Cabrero y el Biobío planificando con la misma visión? Estudios recientes de la Universidad de Concepción sobre demografía regional han alertado sobre la necesidad urgente de adaptar nuestra infraestructura y políticas sociales a esta nueva realidad. La dispersión geográfica, mencionada por la conselleira Fabiola García en Pantón como un reto, es una condición intrínseca de muchas de nuestras comunas, dificultando el acceso de los adultos mayores a servicios esenciales.
Este ‘tsunami plateado’ no es una amenaza lejana, sino una realidad palpable que exige acciones concretas y urgentes en cada rincón de nuestro territorio, desde las grandes urbes hasta las comunas más rurales como Cabrero.
Para nuestros vecinos de Cabrero, esta noticia de Galicia no es un mero dato anecdótico. Es un llamado a la acción. ¿Cuántas plazas de residencia dignas y accesibles tenemos en la comuna? ¿Qué programas de apoyo existen para las familias que cuidan a sus adultos mayores? La inversión de 1.5 millones de euros en Pantón para 36 plazas nos da una idea de la magnitud de los recursos necesarios. Es imperativo que nuestras autoridades locales y regionales, en conjunto con el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, prioricen la creación de una red de apoyo robusta y sostenible para nuestros adultos mayores, asegurando que el envejecimiento sea una etapa de dignidad y bienestar, no de abandono.




