En un paso significativo hacia la accesibilidad, funcionarios municipales de Bulnes, en la región de Ñuble, se capacitan en Lengua de Señas Chilena. Esta iniciativa, financiada por SENADIS, no solo derriba barreras comunicacionales, sino que plantea un desafío y un modelo a seguir para otras comunas del Biobío en su compromiso con la inclusión de personas sordas.
BULNES, REGIÓN DE ÑUBLE. 16 de junio de 2026. En un gesto que resuena con la urgencia de una sociedad más inclusiva, la Municipalidad de Bulnes ha puesto en marcha una capacitación pionera en Lengua de Señas Chilena (LSCh) para cerca de 30 de sus funcionarios. Una medida que, si bien se gesta en la vecina región de Ñuble, envía una clara señal a las comunas del Biobío sobre el camino hacia una verdadera igualdad de oportunidades.
La iniciativa, que contempla 12 clases, busca dotar al personal municipal de las herramientas necesarias para comunicarse eficazmente con personas sordas, derribando así una de las barreras más persistentes en el acceso a servicios públicos. El alcalde de Bulnes, Gonzalo Bustamante, destacó a La Discusión que este esfuerzo se enmarca en un proyecto del Fondo Inclusivo Territorial del Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis), subrayando la importancia de la integración social como un logro equiparable a las obras de infraestructura.
Eleazar Espinoza, encargado de la Oficina Municipal de la Discapacidad de Bulnes, confirmó que la capacitación surgió de un diagnóstico interno que reveló la necesidad urgente de los funcionarios. “Nos dimos cuenta que era una necesidad para la atención al público y nos enfocamos en la lengua de señas”, explicó, enfatizando que la formación se extiende a diversas direcciones, asegurando una cobertura amplia y transversal dentro del municipio.
La relatora a cargo, Daniela Molina, experta en LSCh, puso el acento en un punto crucial que ‘Cabrero en Línea’ ha venido destacando en sus reportajes sobre accesibilidad: la comunicación no es un privilegio, sino un derecho fundamental.
“La importancia de aprender lengua de señas en el municipio es una bonita iniciativa, para derribar las barreras de comunicación con las personas sordas. Esto no es una necesidad, es nuestro derecho a la comunicación para tener accesibilidad dentro de los municipios, tribunales, servicios de salud, etc.”, afirmó Molina.
Sin embargo, Molina también hizo un llamado de atención sobre la lentitud del progreso a nivel nacional y regional. “Lamentablemente estamos un poco lentos en este tema, la lengua de señas está reconocida por la ley, que dice que tenemos que tener accesibilidad en los servicios públicos. Hay algunos lugares que cuentan con intérprete de lengua de señas, pero no todos, por lo tanto estamos recién caminando en este proceso”, sentenció.
El Contexto Legal y la Cruda Realidad Regional
La Ley N° 20.422, promulgada en 2010 durante el primer gobierno del ex-Presidente Sebastián Piñera, fue un hito al establecer normas sobre igualdad de oportunidades e inclusión social de personas con discapacidad, reconociendo oficialmente la Lengua de Señas Chilena. Sin embargo, como bien señala la relatora Molina, su implementación ha sido un camino lento y desigual.
Según el último Estudio Nacional de la Discapacidad (ENDISC) de 2015, realizado por SENADIS y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), cerca del 20% de la población chilena vive con algún tipo de discapacidad. De ellos, un porcentaje significativo presenta discapacidad auditiva, lo que se traduce en miles de ciudadanos en la Región del Biobío y la Región de Ñuble que enfrentan barreras comunicacionales diarias al intentar acceder a servicios esenciales. Para ponerlo en perspectiva, la región del Biobío, con una población que supera los 1.6 millones de habitantes, alberga a decenas de miles de personas con discapacidad auditiva que dependen de la buena voluntad o de iniciativas aisladas para ser atendidos.
El Fondo Inclusivo Territorial de Senadis, que financia la capacitación en Bulnes, es un instrumento vital que busca precisamente subsanar estas brechas, apoyando a municipios y organizaciones de la sociedad civil en proyectos que promuevan la inclusión. Sin embargo, la demanda supera con creces la oferta, y muchas comunas aún no logran implementar programas de este calibre.
¿Un Modelo para Cabrero y el Biobío?
La iniciativa de Bulnes no es solo una buena noticia para sus vecinos; es un llamado de atención para toda la región del Biobío. ¿Cuántos municipios de nuestra provincia de Biobío, incluyendo Cabrero, cuentan con personal capacitado en LSCh? ¿Cuántos de nuestros vecinos sordos deben recurrir a familiares o a la buena voluntad de terceros para realizar trámites básicos en su propia municipalidad, en el consultorio o en Carabineros?
La experiencia de Bulnes demuestra que la voluntad política y la gestión de recursos, como los que ofrece SENADIS, pueden transformar la realidad. Es imperativo que nuestras autoridades locales tomen nota y se pregunten si están cumpliendo con el derecho a la comunicación de todos sus ciudadanos. La inclusión no es un favor, es un derecho, y la capacitación en lengua de señas es un paso fundamental para garantizarlo. El desafío está planteado: ¿seguirán otras comunas el ejemplo de Bulnes para construir un Biobío verdaderamente inclusivo?




