Un violento choque en la Patagonia argentina, destino habitual para miles de vecinos del Biobío, enciende las alertas sobre los peligros de la conducción invernal en la cordillera, una realidad que nos toca de cerca a través del Paso Pichachén.
CABRERO.- La noticia llega desde el otro lado de la cordillera, pero su eco resuena con fuerza en las rutas de nuestra provincia del Biobío. Durante las primeras horas de esta madrugada, un hombre lucha por su vida tras un violento accidente en las afueras de San Carlos de Bariloche, un destino turístico que late en el imaginario de miles de chilenos. Según reportó el medio trasandino ‘Diario El Cordillerano’, el siniestro ocurrió cerca de las 6 de la mañana en el kilómetro 19 de la Avenida Bustillo, cuando el conductor de un Renault 12 perdió el control, despistó y se estrelló de frente contra un pino de gran tamaño.
El hecho, que a primera vista parece un suceso lejano, es un crudo recordatorio de los peligros que enfrentan los viajeros que se aventuran por los caminos de montaña, especialmente con la llegada del invierno. Bariloche no es solo un punto en el mapa; para muchos en nuestra zona, es el destino final de un viaje que a menudo comienza en las rutas del Biobío, cruzando por pasos como Pichachén en Antuco o Pino Hachado más al sur. Este accidente, ocurrido en condiciones que se investigan pero que apuntan a las complejidades de la conducción matutina en zonas frías, es un espejo de lo que podría ocurrir en la Cuesta La Zorra o en la subida al Volcán Antuco.
Las estadísticas no mienten y le ponen un marco de urgencia a esta reflexión. Según el último anuario estadístico de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET) de Chile, una parte significativa de los siniestros viales con consecuencias fatales en zonas rurales ocurren por ‘pérdida de control del vehículo’ y posterior choque contra un objeto fijo, como un árbol. Estos eventos se disparan en los meses de invierno, donde la presencia de hielo, escarcha o el temido ‘hielo negro’ en el pavimento reduce drásticamente la adherencia de los neumáticos.
Más allá del drama personal en la Patagonia, este accidente es un crudo recordatorio para las familias de Cabrero, Yumbel y Los Ángeles: la cordillera no perdona y la preparación para cruzarla, sea por Pichachén o Pino Hachado, es una línea delgada entre unas vacaciones soñadas y una tragedia.
Otro factor que el accidente pone sobre la mesa es la antigüedad del parque automotriz. El vehículo involucrado, un Renault 12, es un modelo que carece de cualquier sistema de seguridad moderno como frenos ABS, control de estabilidad (ESP) o airbags. Si bien es un caso argentino, la realidad no es tan distinta en nuestro país. Informes de la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC) han advertido consistentemente sobre el envejecimiento del parque vehicular, con una edad promedio que supera los 10 años. En nuestras propias calles, desde Monte Águila hasta la Ruta 5 Sur, vemos a diario cómo vehículos de avanzada edad, con menor seguridad pasiva y activa, son parte del paisaje vial, aumentando el riesgo de lesiones graves ante un imprevisto.
Mientras los equipos de emergencia argentinos trabajaban en el lugar, la imagen del vehículo destrozado contra el árbol sirve como una lección urgente. Con la temporada de nieve a la vuelta de la esquina y el flujo de turistas preparándose para cruzar los Andes, la recomendación de las autoridades chilenas, como la Unidad de Pasos Fronterizos, es clara: planificar el viaje, revisar el estado mecánico del vehículo, informarse sobre las condiciones climáticas y, sobre todo, conducir con una prudencia que esté a la altura del imponente pero implacable paisaje cordillerano que nos une y nos define.




