La Copa del Mundo de Norteamérica arrancó con un show de alto impacto y un vibrante empate de México en el Azteca. Para Chile, el evento marca el inicio de un mes de fútbol ajeno, una herida abierta que exige una profunda autocrítica al modelo deportivo nacional.
El Estadio Azteca, un coloso del fútbol mundial, se vistió de gala para dar inicio a la XXIII Copa del Mundo. La ceremonia inaugural, un despliegue tecnológico y cultural sin precedentes, tuvo como epicentro el regreso de un ícono: Shakira. La artista colombiana, en su quinta aparición en un Mundial, demostró por qué su vínculo con el torneo es parte de la memoria colectiva del deporte. Su actuación, que repasó éxitos como ‘Waka Waka’ y presentó un nuevo sencillo, fue el preludio perfecto para el fútbol.
En el terreno de juego, la selección de México no pudo capitalizar la localía y solo consiguió un empate 1-1 contra una disciplinada Corea del Sur. El ‘Tri’, bajo una presión asfixiante, mostró un juego de posesión (68% según datos de Opta), pero con poca profundidad en el último tercio. Hirving Lozano adelantó a los locales, pero un contragolpe letal de los surcoreanos, culminado por Son Heung-min, silenció el Azteca. El modelo de Goles Esperados (xG) de The Analyst sugiere un resultado justo (MEX 1.3 – KOR 1.1), reflejando la paridad táctica y la falta de un ‘nueve’ decisivo en el esquema mexicano.
Pero mientras el mundo celebra, en cada rincón de Cabrero y del país, el inicio del Mundial se siente como sal en una herida que no cierra. Esta es la segunda Copa del Mundo consecutiva sin ‘La Roja’, un fracaso deportivo que trasciende el césped y se convierte en un síntoma de una crisis estructural que la ANFP, según análisis publicados por medios como La Tercera, aún no logra resolver.
La ausencia de Chile del formato expandido a 48 selecciones, una modificación de la FIFA que teóricamente facilitaba la clasificación, es un golpe demoledor. No estar entre los siete clasificados de la CONMEBOL es una sentencia inapelable sobre el estado actual de nuestro fútbol. El impacto no es solo anímico; informes de la consultora Deloitte, citados por El Mercurio Inversiones, han cuantificado las pérdidas para la federación y la economía local en decenas de millones de dólares por conceptos de derechos de TV, patrocinios y turismo deportivo que no se materializarán.
Para el hincha de Cabrero, que vibró con la ‘Generación Dorada’ en Brasil 2014, este Mundial es un espejo doloroso. Es ver a Perú, Ecuador y Colombia competir en el máximo escenario mientras se debate localmente sobre la falta de recambio, la crisis en las divisiones inferiores y la gestión dirigencial. El espectáculo global continúa, pero para Chile, el pitazo inicial del Mundial 2026 es, sobre todo, el sonido de una alarma que lleva demasiado tiempo sonando.



