En un Estadio Azteca que impuso un récord histórico, la selección mexicana no pasó de un agónico empate 1-1 ante una Sudáfrica tácticamente impecable. El resultado expone falencias en la generación de juego del ‘Tri’ y revive el fantasma del Mundial 2010 para los ‘Bafana Bafana’.
El telón de la Copa del Mundo 2026 se levantó en un escenario mítico, pero el guion no fue el esperado por la afición local. En un Estadio Azteca abarrotado, que se convirtió oficialmente en el primer recinto en albergar tres partidos inaugurales de un Mundial, según registros de la FIFA, la selección de México apenas pudo rescatar un empate 1-1 frente a una disciplinada y peligrosa Sudáfrica.
El partido fue un claro duelo de estilos. México, bajo la batuta de su estratega, asumió el protagonismo con un control de la posesión que superó el 70%, según las primeras estadísticas de Opta. Sin embargo, este dominio fue estéril. El equipo azteca evidenció una alarmante falta de profundidad y creatividad en el último tercio, con un juego predecible por las bandas y escasa conexión con su centrodelantero, Santiago Giménez. Fue precisamente Giménez quien, en un chispazo de calidad individual, adelantó a los locales al minuto 62 con un remate de cabeza tras un tiro de esquina.
No obstante, Sudáfrica nunca perdió el orden. Fiel al libreto de su técnico, el equipo africano se plantó en un bloque bajo 4-4-2, cediendo la iniciativa y apostando por transiciones defensa-ataque a alta velocidad. La estrategia rindió frutos al minuto 78, cuando un error en la salida de la zaga mexicana fue capitalizado por el veloz delantero Evidence Makgopa, quien definió con frialdad ante la salida del portero. El gol silenció al coloso de Santa Úrsula y trajo a la memoria el empate 1-1 que la misma Sudáfrica, como anfitriona, consiguió ante México en la inauguración del Mundial 2010, un hecho ampliamente documentado por medios como la BBC y ESPN en su momento.
El empate no es solo un resultado; es un síntoma de la presión histórica que ahoga al ‘Tri’ en su propia casa, una narrativa que, como ha analizado en profundidad el portal The Athletic, parece un guion trágico que se repite en cada ciclo mundialista, especialmente cuando la expectativa es máxima.
¿Por qué este resultado resuena hasta en Cabrero y la provincia del Biobío? Primero, porque el fútbol mexicano es una vitrina constante para el talento chileno. Jugadores que han brillado en la Liga MX, como Diego Valdés o Igor Lichnovsky, conocen de primera mano la exigencia de ese entorno, lo que nos permite dimensionar la magnitud del tropiezo. Segundo, para ‘La Roja’, que sigue su propio proceso de reconstrucción, el desempeño de un rival directo de CONCACAF es un termómetro clave. Este empate demuestra que la jerarquía y el favoritismo no ganan partidos, una lección vital para cualquier selección con aspiraciones. Finalmente, para el hincha de nuestra zona, el inicio del Mundial es un ritual que paraliza la rutina, y un partido inaugural con esta carga de drama y análisis táctico es el mejor abrebocas para un mes de pura pasión futbolística.


