La ex-mandataria chilena se perfila como una de las candidatas para suceder a António Guterres al frente de las Naciones Unidas. En un debate clave, expuso su visión para recuperar la credibilidad de un organismo vital para la estabilidad global.
GINEBRA.- En un escenario mundial marcado por la desconfianza y los conflictos, una figura familiar para todos en Chile ha dado un paso al frente. La ex-presidenta Michelle Bachelet participó este martes en un debate crucial junto a otras cuatro candidatas que aspiran a la Secretaría General de las Naciones Unidas (ONU), el cargo diplomático más importante del planeta.
La carrera para suceder al actual secretario, António Guterres, cuyo mandato concluye el 31 de diciembre de este año, se ha centrado en una pregunta fundamental: ¿cómo devolverle a la ONU su prestigio y eficacia? Junto a la costarricense Rebeca Grynspan y la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, Bachelet expuso su plan para que la ciudadanía vuelva a ver en la organización un mediador confiable y un verdadero impulsor del desarrollo.
Para los vecinos de la provincia de Biobío, la posibilidad de que una ex-mandataria chilena dirija la ONU no es un asunto lejano. Las decisiones que se toman en ese foro global tienen un impacto directo en nuestra vida diaria: desde las políticas climáticas que afectan a nuestra agricultura y bosques, hasta los acuerdos comerciales que sostienen la economía local y el empleo en la región.
El desafío no es menor: devolverle a la ONU su autoridad como mediadora en conflictos y motor del desarrollo, en un momento en que la desconfianza ciudadana alcanza niveles críticos.
El debate, organizado por GWL Voices y la Fundación de las Naciones Unidas, sirvió como plataforma para que las aspirantes delinearan una nueva hoja de ruta. La visión compartida es la de una ONU más ágil, transparente y, sobre todo, cercana a las personas, capaz de prevenir crisis en lugar de solo reaccionar ante ellas.
Aunque la decisión final recae en los países miembros del Consejo de Seguridad y la Asamblea General, la sólida trayectoria de Bachelet como Alta Comisionada para los Derechos Humanos y su experiencia como jefa de Estado la posicionan como una candidata con peso específico. Su posible liderazgo significaría una voz chilena en el centro de las decisiones que moldearán el futuro del planeta, una perspectiva que resuena con especial fuerza desde las regiones de nuestro país.




