Tras cuatro años de ausencia, la leyenda del tenis mundial debutó en el cuadro de dobles del WTA 500 de Queen’s. Junto a la top 10 Victoria Mboko, demostró una vigencia asombrosa, desmantelando a una de las mejores parejas del circuito y enviando un mensaje claro de cara a Wimbledon.
El mundo del tenis contuvo la respiración y no fue para menos. Cuatro años después de su aparente retiro en el US Open 2022, Serena Williams, con 43 años, pisó nuevamente el césped sagrado de Queen’s Club para demostrar que las leyendas no entienden de calendarios. Su regreso, en la modalidad de dobles junto a la número 9 del mundo, la canadiense Victoria Mboko, no fue un acto testimonial, sino una declaración de intenciones.
El marcador final de 7-6(2) y 6-2 sobre la neozelandesa Erin Routliffe y la estadounidense Nicole Melichar-Martinez, la tercera mejor dupla del planeta, esconde un análisis táctico profundo. El primer set, definido en un tie-break, evidenció un lógico período de ajuste. Sin embargo, fue en esa instancia de máxima presión donde la mentalidad competitiva de Williams emergió intacta, ejecutando golpes con una precisión y autoridad que evocaron sus mejores épocas.
Pese a cuatro años de inactividad competitiva, la potencia de su servicio y la agresividad de su derecha de fondo se mantuvieron como sellos indelebles, disipando cualquier duda sobre su vigencia física y mental.
Para el espectador y el deportista local, la actuación de Williams trasciende el resultado. Es una lección sobre longevidad, disciplina y la capacidad de reinventarse en la élite. Ver a una atleta de su calibre, madre y empresaria, volver a competir a este nivel demuestra que la excelencia no tiene fecha de caducidad, un mensaje inspirador para cualquier joven talento de nuestra zona que sueñe con el alto rendimiento.
Una vez que la dupla Williams-Mboko calibró su juego, el segundo set fue una exhibición de dominio. La combinación de la potencia de fondo de Serena con la agilidad en la red de la joven canadiense resultó una fórmula inexpugnable. “Mi yo de 10 años no se lo creería. Jugar con ella es un honor”, confesó Mboko antes del partido, una frase que cobra aún más valor tras la categórica victoria. Este regreso no parece ser un simple adiós; es la posible antesala de un asalto más en Wimbledon, el torneo que la coronó siete veces.




