A días del inicio de la Copa del Mundo, la Confederación Sudamericana lanza la campaña ‘Cree en Grande’, un llamado a la unidad continental que pone al fanático de La Roja en una encrucijada emocional y estratégica: ¿apoyar al rival o mantener la distancia?
Análisis Táctico de una Ausencia
A escasos días del pitazo inicial de la Copa del Mundo 2026, y con la selección chilena como una de las grandes ausentes, la Conmebol ha desplegado una ambiciosa ofensiva comunicacional. Bajo el lema ‘Cree en Grande’, la confederación busca consolidar un bloque de apoyo continental, instando a los hinchas de las naciones no clasificadas a unirse detrás de los representantes sudamericanos en la cita planetaria.
La pieza audiovisual, difundida a través de las redes del organismo y de su presidente, Alejandro Domínguez, es una clase magistral de marketing emocional. Apela a la memoria histórica, recordando que Sudamérica es ‘la casa de los que más veces levantaron la copa’. Estratégicamente, la campaña no es solo un llamado a la unidad, sino un movimiento para reforzar la marca ‘fútbol sudamericano’ en un escenario global donde la influencia de la UEFA es cada vez más dominante en términos económicos y deportivos.
Sin embargo, el mensaje ‘cada cuatro años nuestras rivalidades se callan’ genera un complejo dilema para el aficionado chileno. Tras un proceso clasificatorio extenuante y cargado de enfrentamientos directos, la propuesta de alentar a rivales históricos como Argentina, Brasil o Uruguay requiere una alta dosis de abstracción futbolística.
La campaña apela a una memoria futbolística continental, pero choca de frente con la memoria reciente del hincha chileno: la de la eliminación, la rivalidad directa y la sensación de que, esta vez, la fiesta es ajena.
Desde una perspectiva analítica, la iniciativa de Domínguez es coherente. Con seis cupos directos en este nuevo formato de 48 equipos, Sudamérica necesita proyectar una imagen de poder y cohesión. La ausencia de selecciones con una fanaticada tan intensa como la chilena o la peruana representa una pérdida de ‘capital pasional’ que la Conmebol intenta mitigar con este llamado a la hermandad. Para el hincha de Cabrero y de todo Chile, el Mundial se vivirá desde la galería, y esta campaña no es más que el primer análisis táctico de nuestra propia ausencia, un recordatorio de la tarea pendiente con miras al 2030.




