El gol de Eduardo Vargas ilusionó a Universidad de Chile, pero la rápida respuesta de Franco Troyansky para Audax Italiano desnudó las falencias defensivas del equipo azul, que sigue sin encontrar solidez en la Copa de la Liga.
Un partido que se define por momentos, por ráfagas de intensidad que decantan la balanza. Eso es lo que se vivió en el Estadio Nacional durante la primera mitad del crucial encuentro entre Universidad de Chile y Audax Italiano, válido por la última jornada de la Copa de la Liga 2026.
Corría el minuto 31 cuando la U desató la euforia. En una jugada que evoca los mejores tiempos del club, Charles Aránguiz filtró un pase con precisión quirúrgica para Michael Morales. El ‘Shelo’, con inteligencia, cedió para Eduardo Vargas, quien no perdonó y con un remate certero decretó el 1-1 parcial, insuflando esperanza en la escuadra universitaria.
Sin embargo, en el fútbol moderno, la alegría puede ser efímera si no se acompaña de concentración táctica.
La euforia por el empate duró exactamente seis minutos en la parcialidad azul, un lapso que bastó para que Audax Italiano no solo recuperara la ventaja, sino que también desnudara la preocupante desconcentración y fragilidad en la última línea de Universidad de Chile.
Al minuto 37, un desajuste defensivo de los azules permitió que Franco Troyansky capitalizara una oportunidad dentro del área. Con frialdad, el delantero argentino definió para poner el 2-1, silenciando al sector local y demostrando la efectividad de la propuesta itálica: presionar, recuperar y atacar con verticalidad.
Este intercambio de golpes deja una lectura clara: mientras la U depende de la genialidad de sus individualidades para generar peligro, sufre de una alarmante incapacidad para mantener la solidez defensiva post-gol. Audax, por su parte, exhibe una madurez táctica al no descomponerse tras el empate y golpear de vuelta de inmediato, una característica fundamental en la definición de torneos cortos.




