El presidente de EE.UU., Donald Trump, interviene en la elección colombiana apoyando al candidato de ultraderecha. Este gesto, calificado de ‘intervención’, revive fantasmas en una Sudamérica que mira con atención, y donde el equilibrio político y económico es clave para nuestra región.
CABRERO EN LÍNEA. Un gesto que cruza fronteras y enciende las alarmas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, manifestó su “respaldo total” a Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha en las elecciones presidenciales de Colombia. La declaración no pasó inadvertida, no solo por el peso de quien la emite, sino porque De la Espriella ostenta también la ciudadanía estadounidense desde 2023, añadiendo una capa de complejidad al debate.
La reacción no se hizo esperar. Desde la otra vereda, el candidato de izquierda, Iván Cepeda, denunció el hecho como una “intervención de un Gobierno extranjero” en plena campaña electoral, cuya definición está pactada para el próximo 21 de junio. La polémica está servida y el ambiente político en el país cafetero se ha crispado aún más.
Pero, ¿por qué una elección en Colombia debería importarnos aquí, en el corazón del Biobío? La respuesta está en la estabilidad y en el bolsillo. Chile, y nuestra región como potencia agroforestal y exportadora, depende de un vecindario en calma. Un socio comercial como Colombia, sumido en la inestabilidad política, puede significar un golpe para nuestras exportaciones y para el equilibrio económico de todo el cono sur.
Lo que hoy vemos en Colombia, con un líder extranjero intentando inclinar la balanza, nos obliga a preguntarnos: ¿Qué pasaría si esto ocurriera en Chile?
La soberanía y la capacidad de decidir nuestro propio futuro, sin presiones externas, es un pilar que no podemos dar por sentado, ni en Santiago ni en las regiones.
Este episodio no es un hecho aislado. Analistas internacionales señalan que la movida de Trump se enmarca en una estrategia más amplia de influencia directa en la región, con ecos de acciones similares en México y Brasil. Se configura un nuevo escenario donde la diplomacia parece dar paso a respaldos explícitos que polarizan aún más el mapa político latinoamericano.
Con la segunda vuelta a la vuelta de la esquina, Colombia se ha convertido en el nuevo termómetro de la política continental. El resultado del 21 de junio no solo definirá el futuro de esa nación, sino que enviará una potente señal sobre el peso real de la intervención extranjera en la era de la posverdad y las redes sociales. Una señal que, sin duda, se leerá con mucha atención desde La Moneda y también desde cada rincón de nuestro país.




