Desde 1982 que el ejército israelí no controlaba tanto territorio. Este avance, impulsado por la guerra en Gaza, no solo redibuja el mapa de Medio Oriente, sino que también genera ondas de choque que llegan hasta nuestro país, afectando desde la diplomacia hasta la economía.
Una situación que no se veía desde los tiempos de la guerra del Líbano en 1982 se consolida hoy en Medio Oriente. El ejército de Israel ha logrado su máxima expansión y control territorial en casi medio siglo, un hecho que reconfigura no solo las fronteras de la región, sino también el complejo tablero geopolítico global.
Según análisis de fuentes internacionales, en los últimos tres años, y con una notoria aceleración tras los ataques de Hamás en octubre de 2023, las fuerzas israelíes han ganado el control efectivo de aproximadamente 1.000 kilómetros cuadrados. Este avance se sustenta en una combinación de poderío militar, una nueva doctrina de seguridad y un entorno internacional donde el apoyo de aliados, como la administración Trump en Estados Unidos, ha sido clave.
Pero, ¿por qué debería importarnos esto en la provincia de Biobío? La respuesta no es solo diplomática, sino también económica y muy concreta para el día a día de nuestros vecinos.
Lo que sucede a 13.000 kilómetros de distancia tiene un eco directo en nuestra economía local. Una mayor inestabilidad en Medio Oriente podría significar un alza en los combustibles, afectando desde el flete de nuestros productos agrícolas hasta el presupuesto de cada familia en la provincia.
Chile, además, no es un actor indiferente. Albergando una de las comunidades palestinas más grandes y activas fuera del mundo árabe, la presión sobre el gobierno central en La Moneda para adoptar una postura firme es constante. La política exterior chilena, que bajo administraciones anteriores como la del ex-presidente Gabriel Boric ya mostraba una línea crítica, se ve ahora enfrentada a una realidad en el terreno que hace aún más lejana la solución de dos Estados.
Este nuevo cénit de ocupación territorial plantea serias interrogantes sobre el futuro del derecho internacional y las perspectivas de paz. Para los habitantes de nuestra zona, es un recordatorio de que en un mundo interconectado, los efectos de un conflicto lejano pueden sentirse con fuerza en el costo de la vida y en el pulso político de nuestro propio país.




