La selección chilena cayó en su amistoso internacional, pero un golazo del colocolino Lucas Cepeda en los minutos finales abre el debate sobre la renovación del ataque. Análisis de un resultado que deja más dudas que certezas en el proceso clasificatorio.
En el fútbol, un gol puede ser muchas cosas: un grito de euforia, el clavo en un ataúd o, como ocurrió hoy, un complejo signo de interrogación. La Selección Chilena cayó en su visita a Lisboa para enfrentar a Portugal, en un partido que expuso las falencias tácticas del equipo pero que finalizó con una nota individual de alta factura: un golazo de Lucas Cepeda.
Corría el minuto 88 y el marcador reflejaba una superioridad portuguesa que, si bien no era abrumadora, sí era constante. Fue entonces cuando el extremo de Colo-Colo, quien había ingresado en la segunda mitad, recibió un balón en el vértice del área, controló y sin pensarlo dos veces, despachó un zurdazo violento y cruzado que se coló en el ángulo superior del arco luso. Un gol de antología, de esos que se repiten en los resúmenes deportivos.
Más allá de la estética del remate, la anotación de Cepeda expone una verdad incómoda: la dependencia de la selección en chispazos individuales por sobre un funcionamiento colectivo aceitado. Un golazo que maquilla una performance opaca y que obliga al cuerpo técnico a preguntarse si la solución está en el banco o en la pizarra.
Sin embargo, el gol no puede ni debe ocultar el panorama general. Durante gran parte del encuentro, Chile mostró dificultades en la transición defensiva y una alarmante falta de creatividad en el mediocampo para generar juego asociado. La posesión fue, en muchos tramos, estéril, y la presión alta del equipo portugués provocó errores no forzados que terminaron costando caro.
Para el hincha, este gol es un arma de doble filo. Por un lado, es la confirmación de que hay talento emergente capaz de competir al más alto nivel, una luz de esperanza en la necesaria renovación del equipo. Por otro, es la constatación de que el colectivo no está funcionando y que un momento de brillantez individual no fue suficiente para revertir un planteamiento que se vio superado. El gol de Cepeda es un grito que dice ‘aquí estoy’, pero el resultado final es un susurro que advierte que el camino a las próximas citas planetarias sigue siendo empinado y complejo.



