En su último ensayo previo a la cita planetaria, el equipo de Vincenzo Montella exhibió la calidad de su mediocampo con Çalhanoğlu y Güler, pero también mostró fisuras defensivas que una combativa ‘Vinotinto’ supo explotar. Un duelo rico en lecciones tácticas.
A pocos días del inicio del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, la selección de Turquía sumó confianza al imponerse por un ajustado 2-1 a Venezuela, en un encuentro que sirvió como un termómetro preciso del nivel competitivo que exhibirá el combinado otomano en la máxima cita del fútbol.
El técnico italiano Vincenzo Montella dispuso su clásico 4-2-3-1, cediendo el eje del equipo a la inteligencia posicional de Hakan Çalhanoğlu. El volante del Inter de Milán actuó como un ‘regista’ moderno, dictando los tiempos, distribuyendo con criterio y siendo la primera salida limpia desde el fondo. A su lado, un socio en el doble pivote se encargaba del trabajo de contención, liberando al capitán para organizar el juego ofensivo turco.
La principal amenaza de Turquía radicó en la zona de tres cuartos de cancha, donde la creatividad de Arda Güler (Real Madrid) y la verticalidad de Kenan Yıldız (Juventus) generaron constantes desequilibrios. Sus movimientos entre líneas y su capacidad para asociarse en espacios reducidos fueron un problema sin solución para la zaga venezolana durante largos pasajes del partido.
Por su parte, la Venezuela de Fernando Batista, aunque fuera de la Copa del Mundo, demostró ser un sinodal de alta exigencia. Con un bloque medio-bajo bien estructurado y una presión organizada tras pérdida, la ‘Vinotinto’ no solo contuvo el ímpetu rival, sino que también logró generar peligro a través de transiciones rápidas, capitalizando una de ellas para marcar el descuento y evidenciar ciertas fragilidades en el retroceso defensivo turco.
El partido se definió en la batalla del mediocampo. La superioridad técnica de Turquía en esa zona, con un Çalhanoğlu imperial en la gestión de la posesión, es un modelo de lo que exige el fútbol de élite actual: control, pausa y aceleración. Es precisamente en esa sala de máquinas donde se definen los partidos de alto calibre, una lección que resuena con fuerza para proyectos en reconstrucción como el de la selección chilena.
Para el aficionado nacional, este tipo de encuentros ofrece una perspectiva clara del estándar competitivo del que Chile, lamentablemente, se ha alejado. La intensidad, la disciplina táctica y la calidad individual de equipos como Turquía establecen la vara. Analizar su funcionamiento permite comprender las áreas críticas que ‘La Roja’ debe potenciar si aspira a regresar a una Copa del Mundo en 2030.
En definitiva, Turquía viajará al Mundial con la certeza de poseer un mediocampo de élite, pero con la tarea pendiente de ajustar su solidez defensiva. Venezuela, en tanto, culmina una nueva fecha FIFA con la frente en alto, consolidando un proyecto que ilusiona de cara a las próximas clasificatorias sudamericanas.




