El fenómeno global de clínicas estéticas clandestinas, impulsado por redes sociales y productos de bajo costo, ya no es solo una preocupación europea. Sus peligros, desde infecciones hasta deformaciones permanentes, amenazan la salud pública en Chile, con especial atención en la Región del Biobío, donde la fiscalización se vuelve crucial para proteger a nuestros vecinos de Cabrero y Concepción.
La preocupación por el ‘boom’ de la medicina estética clandestina, que ha encendido las alarmas en Europa, comienza a resonar con fuerza en Chile, y particularmente en la Región del Biobío. Lo que inicialmente se reportaba como un problema de clínicas sin cualificación sanitaria y el uso de fármacos como bótox y ácido hialurónico adquiridos ilegalmente fuera de la Unión Europea, es una tendencia que trasciende fronteras y pone en jaque la salud pública global.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reiterado en diversas ocasiones la importancia de que cualquier procedimiento médico, incluyendo los estéticos, sea realizado por profesionales cualificados y en entornos regulados. Sin embargo, la promoción agresiva en redes sociales y el abaratamiento de estos servicios han creado un caldo de cultivo para la proliferación de prácticas informales y peligrosas. La búsqueda de la ‘cara de Instagram’ o la ‘perfección’ a bajo costo, sin considerar los riesgos, se ha convertido en una trampa para muchos.
En Chile, el Ministerio de Salud (Minsal) ha estado monitoreando el crecimiento de este tipo de servicios. Aunque no existen cifras oficiales desagregadas sobre la clandestinidad en la medicina estética, las denuncias y los casos de complicaciones post-procedimiento han ido en aumento. La falta de fiscalización efectiva, sumada a la facilidad con la que se pueden adquirir productos no regulados a través de canales informales, agrava la situación.
Para los vecinos de Cabrero, Yumbel y Concepción, esta realidad no es ajena. La Región del Biobío, con su dinamismo y conectividad, presenta desafíos únicos. La facilidad de desplazamiento por la Ruta 5 Sur o la Ruta 146 podría, paradójicamente, facilitar la operación de estos servicios informales, que buscan clientela en zonas con menor acceso a información o a servicios especializados regulados. Es crucial que la población esté informada sobre los riesgos y sepa identificar las señales de alerta.
La proliferación de estas prácticas no solo pone en riesgo la integridad física de los pacientes, sino que también socava la confianza en el sistema de salud y exige una respuesta coordinada de las autoridades sanitarias, desde el Ministerio de Salud hasta los servicios de salud locales en Biobío.
Las consecuencias de someterse a procedimientos estéticos con personal no cualificado y productos de origen desconocido pueden ser devastadoras: infecciones graves, reacciones alérgicas severas, deformaciones permanentes, necrosis de tejidos e incluso la muerte. Es un llamado urgente a la conciencia y a la responsabilidad, tanto de quienes ofrecen estos servicios como de quienes los demandan.
Las autoridades sanitarias regionales, en coordinación con el Minsal, deben intensificar las campañas de información y las fiscalizaciones. La protección de la salud de nuestros ciudadanos es una prioridad, y en un contexto donde la desinformación y la búsqueda de soluciones rápidas prevalecen, el rol de la prensa y de las instituciones es fundamental para educar y prevenir.




