El presidente Pablo Milad desvela los ambiciosos planes para reestructurar el balompié nacional, buscando mayor independencia, fiscalización y un arbitraje impecable. La separación de la Federación y la ANFP promete una nueva era de profesionalismo y credibilidad, con nombres clave como Juan Tagle en el horizonte, generando expectación en cada rincón del país.
El fútbol chileno se encuentra en la antesala de una transformación estructural que promete redefinir su gobernanza y credibilidad. Pablo Milad, presidente de la ANFP, ha sido una figura central en las discusiones con el Ministerio del Deporte para la reforma de la Ley SADP, un paso crucial hacia una mayor transparencia y fiscalización en el balompié nacional.
Uno de los pilares de esta reforma es la anhelada separación entre la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) y la Federación de Fútbol de Chile (FFCh). Esta medida busca alinear el fútbol chileno con los estándares internacionales propuestos por organismos como la FIFA, que promueven que las federaciones se centren en la gestión de las selecciones nacionales y el fútbol amateur, mientras que las ligas profesionales administran sus propios torneos. La independencia de la FFCh, según Milad, debería concretarse “lo antes posible”, idealmente antes de las próximas elecciones, para asegurar una gestión más especializada y libre de conflictos de interés.
En este contexto de renovación, la elección del futuro presidente de la Federación de Fútbol de Chile cobra una relevancia mayúscula. Milad no dudó en señalar a Juan Tagle, expresidente de Cruzados (club Universidad Católica), como un candidato con “todos los méritos y la experiencia” para asumir el cargo. Tagle es reconocido por su gestión en Universidad Católica, periodo en el que el club cosechó éxitos deportivos y mantuvo una sólida estabilidad institucional, lo que lo posiciona como una figura de consenso y capacidad probada.
La búsqueda de transparencia es un eje central de estas reformas. Milad enfatizó la necesidad de que el fútbol “deje de haber especulaciones”, abogando por otorgar facultades investigativas tanto al Instituto Nacional de Deportes (IND) como a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF). Este control externo es vital para desentrañar las verdaderas estructuras de propiedad de los clubes y prevenir prácticas que puedan empañar la integridad del deporte. Para los vecinos de Cabrero, apasionados seguidores del fútbol nacional, estas reformas no son meras discusiones administrativas; representan la esperanza de un deporte más justo, transparente y con una selección nacional mejor gestionada, que pueda volver a ilusionar a todo el país.
Otro frente de batalla es la constante polémica en torno al arbitraje. Milad reconoció la “sensibilidad” del tema y la necesidad de “apretar” para que se apliquen criterios uniformes en todos los partidos. Como medida concreta para mitigar los errores, la ANFP está licitando la expansión del sistema de Video Assistant Referee (VAR) a la Primera B, una iniciativa que busca reducir las controversias y asegurar una mayor justicia deportiva, aunque el VAR, por sí mismo, no está exento de debate. La meta es clara: elevar el estándar del arbitraje y restaurar la confianza en cada decisión dentro del campo de juego.
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