Una vez más, la pasión del fútbol chileno se ve empañada por la sombra de la seguridad. La decisión de la Delegación Presidencial de la RM de no permitir la hinchada de Universidad Católica en el Clásico Universitario reabre el debate sobre la violencia en los estadios y la capacidad de las autoridades para garantizar un espectáculo familiar y seguro. ¿Es esta la única salida?
La Delegación Presidencial de la Región Metropolitana ha dado un paso atrás en su intención de permitir la asistencia de hinchas de Universidad Católica al esperado Clásico Universitario contra Universidad de Chile. Esta decisión, comunicada por el Delegado Germán Codina, subraya una vez más la persistente problemática de la seguridad en el fútbol chileno.
El Clásico Universitario no es solo un partido; es uno de los encuentros más emblemáticos y de mayor convocatoria en el calendario deportivo nacional, con una rica historia de rivalidad y pasión que trasciende lo meramente futbolístico. Su realización en el Estadio Nacional, un recinto icónico, añade una capa de significado.
La justificación oficial de la medida radica en “distintos temas de seguridad”. Esta frase encapsula un desafío crónico que el fútbol chileno arrastra desde hace décadas: la violencia asociada a ciertos grupos de hinchas, la dificultad para implementar controles efectivos y la constante amenaza a la integridad de los asistentes. La Ley N° 19.327 sobre Derechos y Deberes en los Espectáculos de Fútbol Profesional, y sus modificaciones, buscan precisamente abordar estas situaciones, pero su aplicación y efectividad siguen siendo un punto de debate.
La postura del Delegado Codina, al calificar la situación como una “gran derrota” y lamentar la normalización de que la única vía para evitar la violencia sea la exclusión de una hinchada, resuena profundamente. Es un reconocimiento tácito de la incapacidad del sistema actual para garantizar un ambiente seguro donde se respete al adversario.
La convocatoria a la ANFP y a las directivas de los clubes para una “mesa de trabajo” es crucial. La solución a la violencia en los estadios no recae únicamente en las autoridades gubernamentales, sino que requiere un compromiso coordinado de todos los actores: federación, clubes, fuerzas de seguridad y, fundamentalmente, los propios hinchas. Organismos como la FIFA y CONMEBOL han instado repetidamente a las federaciones a tomar medidas drásticas contra la violencia, lo que añade presión internacional.
Aunque el Clásico se juegue en Santiago, la problemática de la seguridad en el fútbol es de alcance nacional. En Cabrero, como en cualquier otra comuna de Chile, la pasión por el deporte rey es innegable. La imposibilidad de disfrutar de un espectáculo deportivo con ambas hinchadas, sin temor a incidentes, envía una señal preocupante sobre la gestión de la seguridad en eventos masivos. Los vecinos de Cabrero, al igual que todos los chilenos, anhelan un fútbol donde la rivalidad sea sinónimo de fiesta y no de riesgo, un desafío que las autoridades y el deporte chileno deben resolver con urgencia.
La decisión sobre el Clásico Universitario es un síntoma de un problema mayor que exige soluciones estructurales y un compromiso inquebrantable para devolver la tranquilidad y la alegría a los estadios.


