Más allá de los carteles ideologizados, la estrategia de comunicación de Irán es una pieza clave en su pulso con potencias occidentales. Analizamos cómo esta “batalla de propaganda” moldea percepciones y tiene repercusiones económicas que llegan hasta Cabrero.
La República Islámica de Irán ha empleado durante décadas una potente maquinaria de comunicación visual, utilizando grandes carteles en sus ciudades para proyectar una identidad fuertemente ideologizada. Estas imágenes, a menudo sombrías, con retratos de mártires de la guerra Irán-Irak (1980-1988) y de los líderes supremos, los ayatolás Jomeini y Jameneí, han reforzado la percepción occidental de un Estado teocrático anclado en el pasado y el culto al martirio.
Sin embargo, esta estrategia de propaganda es mucho más que una manifestación interna. Se convierte en un arma geopolítica crucial en momentos de tensión internacional. Durante la administración de Donald Trump, la relación entre Irán y Estados Unidos alcanzó puntos críticos, especialmente tras la retirada unilateral de EE. UU. del acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) en 2018 y la reimposición de severas sanciones económicas.
En este escenario, la “batalla de la propaganda” no se limita a la exhibición de fuerza o ideología interna. Es una herramienta para influir en la opinión pública global, movilizar a la población iraní y contrarrestar la narrativa occidental. La capacidad de Irán para proyectar una imagen de resiliencia y soberanía frente a la “presión máxima” estadounidense es fundamental para su estabilidad interna y su posición en el tablero internacional.
La estabilidad en Oriente Medio, una región vital para el suministro global de energía, tiene un impacto directo en la economía mundial. Las tensiones en el Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial, pueden disparar los precios del crudo. Esto, a su vez, afecta los costos de transporte y la inflación en países tan distantes como Chile, repercutiendo directamente en el bolsillo de los vecinos de Cabrero.
Comprender la sofisticación de la comunicación política iraní es clave para descifrar su estrategia en un mundo cada vez más interconectado, donde la información y la percepción son tan poderosas como las armas.



