El Tribunal Internacional de Justicia de la ONU, pilar de la paz post-bélica, celebra ocho décadas en un complejo escenario. Su autoridad, diseñada para dirimir conflictos pacíficamente, se ve desafiada por la desobediencia de naciones clave, planteando interrogantes cruciales sobre la efectividad del derecho internacional y el futuro del multilateralismo en un mundo polarizado.
El 18 de abril de 1946, en el emblemático Palacio de la Paz de La Haya, nacía el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ), el principal órgano judicial de las Naciones Unidas. Su creación, en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, simbolizó la aspiración global de resolver disputas entre Estados mediante el derecho y no la fuerza, un ideal que hoy, a sus 80 años, enfrenta profundos desafíos.
La ceremonia conmemorativa, que contará con la presencia del Secretario General de la ONU, António Guterres, y el Rey Guillermo de Países Bajos, se desarrolla en un contexto de creciente escepticismo. A lo largo de casi 30.000 días, el TIJ ha emitido sentencias y opiniones consultivas en casos que abarcan desde disputas territoriales y marítimas hasta violaciones de tratados internacionales.
Sin embargo, su autoridad ha sido ostensiblemente desoída por potencias como Estados Unidos e Israel. Un ejemplo histórico es el caso de Nicaragua contra Estados Unidos en 1986, donde el TIJ dictaminó que Washington había violado el derecho internacional al apoyar a los Contras. Más recientemente, las medidas provisionales ordenadas a Israel en el caso presentado por Sudáfrica, relativas a acusaciones de genocidio en Gaza, han puesto de manifiesto la dificultad de hacer cumplir sus fallos sin un mecanismo de ejecución robusto y el respaldo unánime del Consejo de Seguridad.
Esta situación no es ajena a la región latinoamericana, donde el TIJ ha jugado un papel crucial en la resolución pacífica de conflictos. Casos como la disputa marítima entre Perú y Chile (2014) o entre Colombia y Nicaragua (2012), demuestran la vitalidad del Tribunal como una vía legítima para que países de la región resuelvan sus diferencias sin recurrir a la confrontación, fortaleciendo la estabilidad regional y el respeto por el derecho internacional.
La tensión entre la soberanía estatal y la jurisdicción de un tribunal internacional subraya la fragilidad del sistema multilateral. El 80 aniversario del TIJ no solo es una celebración de su longevidad, sino también una llamada a la reflexión sobre la necesidad de fortalecer el compromiso de todos los Estados con el derecho internacional para preservar la paz y la justicia global.



