El diario Olé reaviva una vieja herida, acusando a Chile de ‘robar’ el Mundial de 1962. Desentrañamos la verdad detrás de esta polémica, desde la épica gesta de Carlos Dittborn post-terremoto hasta la ‘Batalla de Santiago’, revelando los hechos históricos que forjaron un torneo inolvidable y la respuesta a las infundadas imputaciones argentinas. Un viaje al corazón del orgullo futbolístico nacional, relevante para cada vecino de Cabrero.
A medida que el Mundial de fútbol 2026 se acerca, los recuentos históricos de ediciones pasadas vuelven a la palestra. Sin embargo, una reciente publicación del diario argentino Olé ha encendido la polémica al afirmar que Chile ‘robó’ la Copa Mundial de 1962, una imputación que ‘Cabrero en Línea’ desglosa para ofrecer la verdad histórica.
La controversia surge de un artículo del periodista Felipe Garavaglia, que titula ‘Chile 1962: el Mundial más violento de la historia y que el anfitrión le robó a Argentina’. La base de esta insólita acusación se centra en la votación realizada en Lisboa el 10 de junio de 1956, donde Chile obtuvo la sede con 32 votos contra 10 de Argentina, que partía como favorita por su infraestructura.
La victoria chilena fue el resultado de una gestión titánica liderada por Carlos Dittborn, quien, frente a las dudas por el devastador terremoto de Valdivia de 1960, pronunció la célebre frase: ‘Porque nada tenemos, lo haremos todo’. Esta declaración no solo conmovió a la FIFA, sino que también simbolizó la resiliencia de un país que, a pesar de la adversidad, se comprometió a organizar un evento de magnitud mundial. La idea de un ‘robo’ omite la épica superación de un país que se levantó de las ruinas para cumplir su sueño.
Olé también califica al Mundial de 1962 como ‘el más violento de la historia’, mencionando la ‘Batalla de Santiago’ entre Chile e Italia. Este partido, marcado por la tensión y el juego brusco, es un hito conocido. No obstante, el diario argentino omite matices importantes, como la lesión muscular de Pelé en la segunda fecha, que no fue producto de una infracción violenta.
Respecto a la lamentable muerte de un futbolista, el artículo se refiere al soviético Eduard Dubinsky, quien sufrió una fractura de tibia y peroné tras una patada del yugoslavo Muhammad Mujic. Si bien la lesión fue grave y derivó en un sarcoma, una posterior amputación y, finalmente, su fallecimiento en 1969 por una infección, es crucial señalar que su deceso ocurrió siete años después del torneo, y no durante el mismo, como podría inferirse de la redacción de Olé.
Para los vecinos de Cabrero, esta revisión histórica es un recordatorio del orgullo nacional y la capacidad de Chile para superar desafíos monumentales. El Mundial de 1962 no fue un ‘robo’, sino una gesta de resiliencia y determinación que dejó una huella imborrable en la historia del deporte y en el espíritu de nuestro país.



