La Universidad Católica se planta firme ante CONMEBOL, utilizando casos emblemáticos de Colo Colo para rechazar la entrega de entradas a Boca Juniors. Esta disputa, que amenaza con reubicar el crucial partido de Copa Libertadores, expone la compleja tensión entre la soberanía de las autoridades chilenas y las exigencias del fútbol sudamericano, con implicaciones directas para la seguridad y la logística de eventos deportivos de alto calibre en nuestro país.
En un pulso de alta tensión que sacude el fútbol sudamericano, Universidad Católica ha respondido con una postura firme al ultimátum de la CONMEBOL, negándose a entregar las 2.000 entradas exigidas para los hinchas de Boca Juniors en su próximo encuentro de Copa Libertadores. La institución chilena ha desplegado una defensa contundente, fundamentada en sólidos antecedentes jurídicos que ponen en jaque las exigencias del organismo rector del fútbol continental.
El argumento central de la UC se basa en precedentes directos y recientes. La defensa precordillerana ha citado específicamente partidos de Colo Colo en la Copa Libertadores 2024, donde el entonces Delegado Presidencial de la Región Metropolitana, Gonzalo Durán, prohibió el ingreso de público visitante para los encuentros contra River Plate y Junior de Barranquilla. En ambos casos, la CONMEBOL no aplicó sanciones económicas ni deportivas, estableciendo un precedente que la UC considera irrefutable.
La controversia se intensificó cuando la autoridad gubernamental chilena impidió la presencia de aficionados de Boca Juniors para el partido de este martes en el Claro Arena. A pesar de esta resolución local, Nery Pumpido, secretario general adjunto de CONMEBOL, envió una carta exigiendo el cumplimiento del artículo 4.4.6 del Manual de Clubes del torneo. La misiva advirtió sobre una multa no inferior a 20 mil dólares y la posible reubicación del encuentro, con todos los gastos a cargo de la institución estudiantil.
Sin embargo, Universidad Católica respalda su negativa en el artículo 31 del reglamento de seguridad, el cual exime la venta de entradas visitantes si existe una disposición de un organismo de seguridad local notificada con al menos ocho días de anticipación. Esta condición fue cumplida por la autoridad de la Región Metropolitana, lo que refuerza la posición de la UC en esta compleja batalla legal y deportiva.
Fuentes cercanas a San Carlos de Apoquindo han sugerido una posible influencia externa, mencionando la “línea directa” entre Juan Román Riquelme, presidente de Boca Juniors, y Alejandro Domínguez, presidente de la CONMEBOL. Esta situación subraya la delicada balanza entre las normativas locales de seguridad y las presiones de los organismos internacionales, un desafío constante para los clubes chilenos. Para los vecinos de Cabrero, esta disputa resalta la complejidad de la organización de eventos deportivos masivos y la importancia de la autonomía local frente a las directrices de entidades supranacionales, un tema que, aunque lejano geográficamente, impacta en la imagen y el desarrollo del deporte nacional.



