La declaración de Alfredo Mosa reabre una discusión crucial en el fútbol chileno: la compleja relación entre los clubes, la ANFP y las cadenas televisivas por la programación de los partidos. ¿Quién define el ‘horario estelar’ y cómo afecta esto a la pasión de los hinchas en comunidades como Cabrero? Un análisis profundo sobre los intereses en juego y el impacto en la experiencia del aficionado.
La reciente intervención de Alfredo Mosa, director de Blanco y Negro, ha puesto nuevamente en el centro del debate la espinosa cuestión de los horarios de los partidos en el fútbol chileno. Su llamado a “trabajar en conjunto” subraya una tensión persistente entre los deseos de los clubes, las exigencias de las transmisiones televisivas y, fundamentalmente, la experiencia de los miles de aficionados que siguen la pasión del balompié.
Históricamente, la definición de los “horarios estelares” ha sido un punto de fricción. Si bien la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) es el organismo encargado de calendarizar el Campeonato Nacional, la influencia de los contratos de televisión, como el vigente con TNT Sports, es innegable. Estos acuerdos, vitales para la economía de los clubes, a menudo priorizan franjas horarias que maximizan la audiencia televisiva, lo que no siempre coincide con la conveniencia de los hinchas que asisten al estadio o aquellos que, desde sus hogares en localidades como Cabrero, desean seguir a sus equipos.
Para los vecinos de Cabrero, muchos de ellos fervientes seguidores de los grandes equipos o de clubes regionales, un partido programado en un día laboral a media tarde o en la noche profunda de un domingo puede significar la imposibilidad de verlo. Esto impacta directamente en la cultura futbolística local, limitando la participación y el disfrute colectivo que el deporte rey genera. La discusión de Mosa no es menor: ¿se está priorizando el espectáculo televisivo por sobre la conexión directa con la base de fanáticos?
La búsqueda de un equilibrio es fundamental. Un “trabajo en conjunto” real implicaría considerar no solo los ingresos por televisión, sino también la logística de los viajes para las hinchadas, los horarios laborales y escolares de los aficionados, y la seguridad en los recintos. Es un desafío que requiere diálogo entre la ANFP, los clubes, las cadenas televisivas y, quizás lo más importante, una mayor consideración por la voz del hincha.
Invitamos a nuestra comunidad a debatir este tema en nuestras redes sociales, utilizando #FútbolCabrero y compartiendo sus opiniones sobre cómo los horarios de los partidos afectan su pasión.


