La imagen de Canadá como nación ambientalmente responsable choca brutalmente con la realidad en la Amazonía brasileña. Indígenas del Xingú resisten una mina de oro a cielo abierto de la empresa Belo Sun, que planea una presa de residuos tóxicos tres veces mayor que la de Brumadinho. Un conflicto que expone la tensión entre desarrollo económico y la protección de ecosistemas vitales y derechos ancestrales.
La Amazonía, pulmón vital del planeta y hogar de una biodiversidad incalculable, se encuentra una vez más en la mira de megaproyectos extractivos. En el corazón de Brasil, específicamente en el municipio amazónico de Altamira, a orillas del río Xingú, comunidades indígenas han levantado su voz y su resistencia contra la empresa canadiense Belo Sun.
Esta compañía minera busca establecer lo que anuncia como la mayor mina de oro a cielo abierto de Brasil. El proyecto, de concretarse, implicaría la construcción de una presa de 35 millones de metros cúbicos destinada a contener residuos tóxicos, entre ellos cianuro. Para poner esto en perspectiva, este volumen triplica el de la presa de la minera Vale que colapsó en Brumadinho en 2019, un desastre que cobró la vida de 272 personas y dejó una cicatriz imborrable en el paisaje y la memoria colectiva brasileña.
La lucha de los pueblos indígenas del Xingú, que llevan más de un mes acampados en las oficinas de la agencia indigenista brasileña, es un grito de alerta. No solo defienden sus tierras ancestrales y su modo de vida, sino también la integridad de un ecosistema crucial para el equilibrio climático global. La extracción de oro a cielo abierto es una de las actividades más destructivas, implicando deforestación masiva, alteración de cursos de agua y contaminación por el uso de químicos altamente tóxicos como el cianuro y el mercurio, que afectan irreversiblemente la salud humana y el medio ambiente.
Este caso pone en entredicho la reputación global de Canadá como líder en sostenibilidad y derechos humanos. Mientras que a nivel internacional promueve políticas ambientales progresistas, sus corporaciones a menudo son criticadas por sus prácticas extractivas en países en desarrollo, donde las regulaciones ambientales y la protección de los derechos indígenas pueden ser más laxas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a través de convenios como el 169, han enfatizado la importancia del consentimiento libre, previo e informado de las comunidades indígenas ante proyectos que afecten sus territorios.
Para los vecinos de Cabrero, este conflicto en la Amazonía resuena como un recordatorio de la interconexión global. La salud de la Amazonía impacta directamente en patrones climáticos que pueden afectar nuestra región, y la discusión sobre minería responsable y el respeto a las comunidades locales es un debate que también se vive en Chile. Es fundamental exigir a las empresas, sin importar su origen, los más altos estándares éticos y ambientales en todas sus operaciones.




