El debut de Trinidad Steinert al frente del Ministerio de Seguridad ha estado lejos de ser tranquilo. Entre polémicas salidas de altos mandos policiales y un preocupante aumento de homicidios, la promesa de seguridad del Gobierno de Kast enfrenta su primera gran prueba. Analizamos los desafíos y las implicancias de esta compleja partida para el país y la región.
El debut de Trinidad Steinert como Ministra de Seguridad ha marcado un inicio turbulento para la administración del Presidente Kast, quien priorizó esta cartera desde el anuncio de su gabinete el 20 de enero. La designación de Steinert, ex fiscal jefe de Tarapacá, buscaba enviar una señal clara sobre el enfoque en seguridad, pero las primeras semanas han estado plagadas de desafíos y controversias.
Uno de los episodios más complejos ha sido la salida de Consuelo Peña, subdirectora de Inteligencia de la Policía de Investigaciones (PDI), el 22 de marzo. La falta de una explicación detallada sobre el retiro de una detective con 36 años de trayectoria ha generado un manto de dudas sobre la gestión interna y la transparencia en decisiones clave para la seguridad nacional.
La situación se agrava con el preocupante aumento de la criminalidad. En las primeras tres semanas de gestión de la ministra Steinert, se han registrado 18 homicidios, lo que representa un incremento del 20% respecto al mismo período del año anterior. Esta cifra subraya la urgencia y la magnitud del desafío que enfrenta el ministerio, impactando directamente la percepción de seguridad de los ciudadanos, incluyendo a nuestros vecinos en Cabrero.
En medio de este complejo escenario, el Ministerio de Seguridad obtuvo un respiro fiscal al ser eximido del recorte presupuestario del 3% que Hacienda impuso a otras carteras. Esta decisión, aunque busca fortalecer la capacidad operativa del ministerio, también resalta la presión sobre las finanzas públicas y la excepcionalidad de la situación de seguridad.
La gestión de Steinert será crucial para la credibilidad del “Gobierno de emergencia” de Kast. La capacidad de revertir la tendencia al alza de la criminalidad y de generar confianza en las instituciones será determinante para el bienestar de la población y la estabilidad del país. Es un desafío que exige liderazgo, estrategia y una comunicación clara para todos los chilenos.



