La reciente salida de Priscilla Carrasco de la dirección de SernamEG, en medio de su tratamiento contra el cáncer, ha encendido el debate público. La justificación de ‘falta de confianza’ por parte de figuras políticas plantea serias interrogantes sobre la estabilidad en cargos clave y el impacto en la promoción de los derechos de las mujeres en Chile. ¿Qué implicancias tiene esta decisión para la institucionalidad y la ciudadanía?
La noticia de la salida de Priscilla Carrasco de la dirección nacional del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG) ha resonado profundamente en el ámbito público y político chileno. La justificación, según declaraciones como las de José Antonio Kast, se centró en una supuesta “falta de confianza”, un argumento recurrente en los cambios de administración, pero que en este caso adquiere una dimensión particular al tratarse de una funcionaria en pleno tratamiento de un agresivo cáncer.
SernamEG es una institución pilar en la política pública chilena, encargada de diseñar y ejecutar programas que promueven la equidad de género, previenen la violencia contra las mujeres y apoyan su autonomía económica y social. Su labor es crucial para miles de mujeres a lo largo del país, incluyendo a las vecinas de Cabrero, quienes dependen de sus centros y programas para acceder a apoyo vital en situaciones de vulnerabilidad o para impulsar su desarrollo personal y profesional.
La estabilidad en los cargos de alta dirección pública es fundamental para la continuidad de las políticas de Estado. Si bien los cambios son parte de la dinámica política, la remoción de una directora en tales circunstancias de salud plantea interrogantes sobre los criterios de gestión y la sensibilidad institucional. Este tipo de decisiones puede generar incertidumbre en los equipos de trabajo y, potencialmente, afectar la operatividad de servicios esenciales para la ciudadanía.
Desde una perspectiva ética y social, el despido de una persona que enfrenta una enfermedad grave como el cáncer, independientemente de su cargo, interpela a la sociedad sobre los valores de empatía y protección laboral. Aunque la ley chilena contempla mecanismos para la protección de trabajadores en estas condiciones, la percepción pública de insensibilidad puede erosionar la confianza en las instituciones y en la administración del Estado.
El episodio subraya las tensiones constantes entre la necesidad de profesionalizar la administración pública y las lógicas de confianza política que a menudo guían las designaciones y remociones. Para los ciudadanos, y en particular para las mujeres de Cabrero y de todo Chile, la preocupación radica en asegurar que las instituciones dedicadas a sus derechos mantengan la solidez y la continuidad necesarias para cumplir su vital misión, más allá de los vaivenes políticos.



